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ITodo el pesodel asco malditocaedirectamentesobre un acorde roto.Toda la cargadel hartazgo, del tediogolpeasecamente  el gañote acartonado -que todavía puede cantar un poquito-.IIY en días Miércolesde cuerdas chillonasy jalones de cadena alineados en filala radio -siempre en el fondo-hace que sus narices,ojos,bocas,ceños,teclas,se embarren sobre sus carasen contrapunto al efecto Coriolis.IIIPu-pu tucupá,tucupá.Pu-pu tucupá,tucupá.Pu-pu tucupá,tutu,tru-pí. Pu-pu tucupá,tutu,tru-pí.TrrarráRarráRarráRarráLa polifonética disonante(arrastrada por caballos de batalla de tres patas)no me sirve más que para una sola cosa:lograr que estas letras pasen desapercibidas.

I

Todo el peso
del asco maldito
cae
directamente
sobre un acorde roto.

Toda la carga
del hartazgo, del tedio
golpea
secamente 
el gañote acartonado -que todavía puede cantar un poquito-.


II

Y en días Miércoles
de cuerdas chillonas
y jalones de cadena alineados en fila
la radio -siempre en el fondo-
hace que sus narices,
ojos,
bocas,
ceños,
teclas,
se embarren sobre sus caras
en contrapunto al efecto Coriolis.


III

Pu-pu tucupá,
tucupá.
Pu-pu tucupá,
tucupá.

Pu-pu tucupá,
tutu,
tru-pí.
Pu-pu tucupá,
tutu,
tru-pí.

Trrarrá
Rarrá
Rarrá
Rarrá

La polifonética disonante
(arrastrada por caballos de batalla de tres patas)
no me sirve más que para una sola cosa:
lograr que estas letras pasen desapercibidas.