Hoy
tengo un himno
engrapado desde el Atlas
hasta la 4° cervical.
Tengo
Un tamal de elote rancio
embarrado en las paredes deforestadas
de mi cráneo.
Y
una lágrima atascada
en medio de mi gañote seco
y arañado.
Sólo
me falta un gato
que llame a mis cuencas vacías
con sus ruidillos.
Un gato
que honre de vez en cuando
las esquinas de mi apartamento
(porque yo -YO- no las honro).
Un paso más y usted está muerto.