No le voy a ofrecer mis disculpas
por usar su lavadora.
Por meter mis medias sucias
y mis calzoncillos Casino
en el mismo lugar
donde el Suavitel
hace su brete
en sus delicadas tangas.
Mejor le cuento
que ya me comí
el queso que usted creyó
estaba podrido.
Estaba rico, salado
y definitivamente, muy hediondo.