Aquí no hay nada.
-OK, suave para ver si entiendo, ¿entonces el mae no usaba el tumblr de forma correcta?
-Mae no, como que lo usaba para escribir puras estupideces y poner fotos que tomaba ahí, de vez en cuando… ni siquiera lo leían.
-Ya. Que varas. ¿Y qué pasó?
-Di, nada.
-Entonces, ¿cuál era el punto de lo que me estaba diciendo ahora?
-Mae, no me acuerdo.
-Tsss, ¿diay?
-So sorry, I haven’t understood a bit of what you’ve said so far, talk to me through this link please.
I
Todo el peso
del asco maldito
cae
directamente
sobre un acorde roto.
Toda la carga
del hartazgo, del tedio
golpea
secamente
el gañote acartonado -que todavía puede cantar un poquito-.
II
Y en días Miércoles
de cuerdas chillonas
y jalones de cadena alineados en fila
la radio -siempre en el fondo-
hace que sus narices,
ojos,
bocas,
ceños,
teclas,
se embarren sobre sus caras
en contrapunto al efecto Coriolis.
III
Pu-pu tucupá,
tucupá.
Pu-pu tucupá,
tucupá.
Pu-pu tucupá,
tutu,
tru-pí.
Pu-pu tucupá,
tutu,
tru-pí.
Trrarrá
Rarrá
Rarrá
Rarrá
La polifonética disonante
(arrastrada por caballos de batalla de tres patas)
no me sirve más que para una sola cosa:
lograr que estas letras pasen desapercibidas.
Llorar
no me hace más hombre.
Y, en todo caso,
los huesos no lloran.
Los huesos
se han secado de lágrimas,
están muertos
en el traquear de las ruedas,
muertos
en las conversaciones de los de allá, de los de más allá,
y aún más muertos
en las oquedades de la vagina lúbrica
de la Moira Átropos.
No están. No estoy.
(para la mujer-lápida que sostuvo mi pene durante la circuncisión)
Hoy
tengo un himno
engrapado desde el Atlas
hasta la 4° cervical.
Tengo
Un tamal de elote rancio
embarrado en las paredes deforestadas
de mi cráneo.
Y
una lágrima atascada
en medio de mi gañote seco
y arañado.
Sólo
me falta un gato
que llame a mis cuencas vacías
con sus ruidillos.
Un gato
que honre de vez en cuando
las esquinas de mi apartamento
(porque yo -YO- no las honro).
Un paso más y usted está muerto.
Háganme el amor todos los sobrantes de comida:
la Hamburguesa medio mordisqueada de Tico Burguesas,
el pedazo de Empanada que transparenta la servilleta en la soda del frente,
el Chicharrón de Panzada que quedó a medio palo en el turno de allá,
lo que quedó del Ceviche de Piangua que flota en su jugo negro.
Háganme el amor y, como todo buen amor, háganme la guerra.
-Hola.
-Hola.
-¿Qué tal?
-Bien, supongo.
-Ah, bien, bien. ¿Puedo hacerle una pregunta?
-Me ha hecho dos durante este diálogo. Evidentemente, si.
-Tiene razón. OK, ehmmm…
-¿Si?
-Bueno, ¿está usted lleno de olores?
-Ajem… pues si, supongo. Si.
-¿Olores exquisitos?
-Si, exquisitos, claro.
-¿Y de fetidez? ¿Olores de pedos?
-También.
-¿Y de flores blancas, rojas y purpúreas?
-Sí. Muchas.
-¿Y de muerte? ¿Y de putrefacción?
-Sí, eso está claro.
-¿Y de carne trémula? ¿Y de sudor de sexo?
-Por supuesto.
-¿Y de danzas calaveras? ¿Y de huesos secos?
-De hecho, si. ¿Cómo sabe todo eso sobre mi?
-¿Y de sangre cáustica? ¿Y de rótulos publicitarios?
-Me asusta. ¡Usted debe haberme investigado previo a esta interrogación!
-¿Y de dulce de leche? ¿Y de entrepiernas peludas?
-¡Suficiente!
-¡Ah!, entonces está usted lleno de paradojas, simplemente.
-No, estoy lleno de inhibiciones.
-Ya veo. Otro humano. Mucho gusto, soy El Diablo.
-Es un placer.








